Una de las mayores aficiones que tenéis en vuestra sociedad es escoger sucesos arbitrarios de los que desconocéis todo detalle o matiz y utilizarlos como excusa para hacer alarde de vuestra ideología. Creáis corderitos, a quienes protegéis sin conocerlos sólo porque el mero hecho de protegerlos os ayuda a reafirmar vuestra fe. Y creáis chivos expiatorios sobre los que os lanzáis como perros de presa guiados por la maniquea verdad absoluta que os habéis autoimpuesto.

La victoria del prejuicio sobre la opinión

Un hombre desconocido mata a otro hombre desconocido y tal asunto se convierte al instante en una batalla ideológica: Si el supuesto asesino tiene una ideología similar a la propia, entonces es inocente. Si por el contrario, su ideología se acerca más a lo opuesto, entonces es culpable. El enfrentamiento se forma con la extrema sencillez así descrita: Los que dicen defender las ideas que a uno le gustan representan al Bien y, por tanto, todo lo que hagan (incluyendo el asesinato) es bueno. Los que defienden unas ideas distintas de las propias representan al Mal y, por tanto, son culpables de todo asunto que los atañe, incluyendo su propio homicidio si es a manos de un representante del Bien.

En las noticias aparece una mujer que huye con sus hijos y acusa a su ex-pareja de ser un maltratador. Y en cuestión de minutos toda una población ya sabe, por ciencia infusa, quién es culpable y quién es víctima en toda una historia que, por la información que les ha llegado, bien podría tratarse hasta de un montaje de la prensa. ¿Quién sabe? Pues al parecer todos saben. Y no sólo saben, sino que están dispuestos a defender a muerte lo que saben.

Los que defienden las ideas de uno son el Bien y, por tanto, todo lo que hagan es bueno. Los que defienden ideas ajenas son el Mal y, por tanto, culpables de todo lo que les suceda, incluyendo su propio homicidio tweet

Una mujer acusa a alguien de violarla y al instante ya hay millones de personas diciendo: “Yo te creo”. Del mismo modo que creen en Dios, o en el dinero, o en la patria, o en el futuro. Es decir, sin conocimiento, sin análisis, sin pruebas. Creen por pura autoimposición dogmática. Y es precisamente por ello por lo que son agresivos y devorarían sin piedad a quien se les oponga. Porque lo que defienden es una fe, no una certeza. Y sólo la fe se defiende sin hacer uso de la razón.

¡Que comience la batalla!
“¡Que comience la batalla! Os podéis matar los unos a los otros y el que gane tendrá la razón.”

La siguiente afirmación puede sonar a tópico, pero por más que lo intento soy incapaz de encontrar un ápice de falacia en ella: Antes de opinar, hay que conocer el objeto sobre el que se opina.

Es algo básico y universal. Uno no puede opinar sobre física cuántica sin haber antes estudiado y comprendido la cosa sobre la que opina, del mismo modo que uno no puede opinar sobre personas a las que no conoce en absoluto ni sobre sucesos acerca de los que no tiene ni puta idea.

Y, sin embargo, todos “opináis”.

Opinar sobre un tema que se desconoce por completo no es opinar. Es prejuzgar. Es hacer conjeturas y adherirse a ellas como si fueran verdades absolutas.

Obviamente, no sabéis opinar. Seríais incapaces de debatir con alguien que opine diferente a vosotros. Lo que demuestra que lo vuestro no es opinión, sino pura fe.

Escogéis una fe y la situáis no sólo como verdad absoluta, sino también como bien absoluto. Al seleccionar vuestras creencias arbitrarias, automáticamente os otorgáis la representación del Bien y por ello consideráis el Mal a cualquier opinión que ponga en duda vuestra fe. Y al Mal no se le concede ni el beneficio de la duda.

Así, lo que hacéis no es debatir, sino batallar. Y tales batallas ideológicas, como los banales intercambios de restriegue de creencias que son, no tienen como objetivo descubrir quién tiene razón, sino determinar quién es más víctima.

Vuestras batallas ideológicas, como los banales intercambios de restriegue de creencias que son, no tienen como objetivo descubrir quién tiene razón, sino determinar quién es más víctima tweet

La verdadera cuestión es: ¿por qué el individuo del s. XXI está tan interesado en poseer algo tan horrible como el sufrimiento de una víctima?

Ejemplo de ruindad victimista

Fiel al espíritu anteriormente descrito, recientemente la alcaldesa de Barcelona hacía unas declaraciones en las que afirmaba que había estado a punto de ser violada dos veces. Para mostrar la ruindad de tales declaraciones, veamos cómo quedarían si hacemos unas pequeñas modificaciones:

“Una vez, volviendo a casa de noche por el centro de Barcelona, casi me atracan. ​​Me encontré junto a la puerta de mi edificio un gitano de gran envergadura que me estaba esperando y que se reía de mí, desafiándome. Tuve la suerte de cruzarme con un chico que iba en patinete al que pedí que me acompañara. El gitano desafiante se marchó.”

“En otra ocasión, una de las primeras veces que salía de noche, fui rodeada por varios moros que salieron de dos o tres coches diferentes en la rambla de Catalunya de Barcelona y que estaban a punto de cogerme cuando milagrosamente apareció un coche de policía y los terroristas huyeron, pero estoy bastante segura de que, si no, me habrían asesinado esa noche.”

"No me violes"
Una de las más bellas expresiones de difícil traducción al español sin pérdida de matices es “attention whore”

Hacerse la víctima a costa de acusar a alguien de algo que no ha hecho es una actitud eminentemente necia. No obstante, se ha llegado a un punto en el que no sólo se tolera, sino que incluso se aplaude y admira.

Regocijarse en el victimismo es síntoma inequívoco de cretinez. Ser víctima te proporciona una excusa para comportarte como un cretino, y ser un cretino te proporciona una excusa para convertirte en víctima sin necesidad de haber sido agredido. Es por esta razón por la que todos quieren ser víctimas.

Se está dignificando el victimismo y, con ello, no se dignifica a las víctimas, sino todo lo contrario. Lo que dignifica a la víctima es precisamente el hecho de que ser una víctima es una putada, y no algo moderno y cool.

Se está dignificando el victimismo y, con ello, no se dignifica a las víctimas, sino todo lo contrario. Lo que dignifica a la víctima es precisamente el hecho de que ser una víctima es una putada, y no algo moderno y cool tweet

Lo que hace digna a una víctima de cáncer es el hecho de que tener la enfermedad es la mayor de las putadas. Que un grupo masivo de hipocondriacos amantes de la enfermedad empiecen a presentarse como enfermos de cáncer sin serlo, y a hablar de la enfermedad como una bendición, y a embestir contra las voces racionales que les dicen que no pueden ser enfermos de cáncer si éste no se detecta mediante métodos científicos, lo que hacen es joder a los verdaderos enfermos en vez de ayudarlos. 

Todo suceso social requiere de una causa y de una motivación. La motivación ya la hemos visto: El auge del victimismo procede del deseo de comportarse como un imbécil sin ser juzgado por ello. Ahora bien, aún no queda claro cuál es la causa del apogeo de tal fenómeno ideológico.

Feminismo de falsa bandera

Dado que el victimismo no ayuda a una víctima, cuando éste se aplicó a uno de los movimientos más racionales y necesarios surgidos en la historia, comenzó a destruir décadas y décadas de importante progreso. El feminismo de falsa bandera es el más eficaz asesino del feminismo y, por extensión, del pensamiento racional.

El machismo dijo «las mujeres son seres irracionales», el feminismo dijo «las mujeres son tan racionales como los hombres», y el feminismo de falsa bandera dice «las mujeres son irracionales, pero ser racional es machista y malo» tweet

El machismo otorgó a las mujeres el papel de víctima, el de sexo débil. El feminismo auténtico luchaba por acabar con tal prejuicio, pero ese engendro al que osan llamar feminismo en la actualidad (aunque nada tiene que ver con él) ha recuperado y potenciado el papel de víctima inicial.

El machismo dijo “los hombres son seres racionales y las mujeres son seres irracionales”, el feminismo dijo “las mujeres son tan racionales como el hombre”, y el feminismo de falsa bandera dice “las mujeres son irracionales, pero ser racional es machista y por tanto malo”.

Ya dedicaré ríos de lefa mental a analizar la alienación y usurpación del movimiento feminista, pero era necesario este inciso para agregar un elemento importante al asunto del victimismo, ya que el feminismo de falsa bandera tiene mucho que ver en la ideología imperante en la sociedad actual, y el tema que nos ocupa también ha sido afectado por ello.

Los feministas de falsa bandera han cogido el estereotipo del sexo débil y en vez de negarlo lo han asimilado y han reclamado lo siguiente: “Sí, las mujeres son el sexo débil, pero haremos que el victimismo sea algo noble y capaz de obtener la razón sin necesidad de razonar, puesto que – recordemos – razonar es algo obsceno y perteneciente al heteropatriarcado”.

Y ahí tenemos nuestra causa. El origen de la santificación del victimismo se encuentra en una de las religiones más poderosas del vigente siglo: el feminismo de falsa bandera.

El activismo como nuevo refugio del militarismo

Vuestra sociedad se compone de imbéciles ávidos por manifestar a voces sus impresiones sobre asuntos que desconocen y de saltar al cuello de todo aquél que ose siquiera poner en duda sus afirmaciones categóricas. Y eso tiene un precio importante.

Imaginad que sois dictadores y tenéis un enemigo con el que queréis acabar discretamente. ¿Qué haríais? ¿Intentar convencer a seres racionales mediante el debate o manipular a una jauría enfurecida con sed de sangre? tweet

Imaginad que sois dictadores y tenéis un enemigo con el que queréis acabar discretamente. ¿Qué haríais? ¿Intentar convencer a seres racionales mediante el debate o manipular a una jauría enfurecida con sed de sangre?

El proselitismo del activista es un caramelito al que el tirano no está dispuesto a renunciar. Está muy extendida la idea de que el activismo es una forma de rebelión, pero no hay nadie más manipulable que un activista. Porque un activista es incapaz de considerar que los otros puedan tener la razón, es incapaz de dialogar, incapaz de escuchar, incapaz de razonar, pero muy capaz de llegar a cualquier extremo con tal de imponer sus creencias.

Los activistas creen que son rebeldes que luchan contra el sistema, pero no son más que un ejército dedicado a una causa arbitraria. La única diferencia es que tal causa, en principio, no viene impuesta por el Estado, sino por otro tipo de líder menos poderoso. Y los más poderosos lo saben y lo utilizan a su favor, haciendo que gran parte de los activismos acaben sirviendo al sistema de manera indirecta. Y no hay mejor ejemplo que el mencionado feminismo de falsa bandera, que ya ha sido asimilado por el Poder, quien lo utiliza a su antojo en su propio beneficio.

Lo que el Poder nunca podrá controlar es el pensamiento racional, el pensamiento de aquél que duda tweet

La rebelión sería pasar del puto tema cuando ponen un anzuelo tan evidente. El verdadero rebelde es aquél que, como Sócrates, admite su propia ignorancia. Lo que el Poder nunca podrá controlar es el pensamiento racional – el pensamiento de aquél que duda.

Con el culpable todo termina

Antes comentaba que todo requiere de una causa y una motivación. Me faltaba añadir que eso es lo que sucede cuando se realiza un análisis racional de los hechos. No es ése vuestro caso. En vuestro caso no analizáis ni os interesa encontrar causas ni motivaciones. Sólo os interesa encontrar culpables.

¡Por el culpable!
“¡Por el culpable! Causa y a la vez solución de todos los problemas de la vida.”

El considerar que quien dice ser víctima es víctima convierte de inmediato a la duda en creencia y al posible mentiroso en víctima incuestionable. El considerar que la víctima siempre tiene la razón convierte a quien hace uso del victimismo en mensajero de Dios. Y todo ello hace que aquél señalado por el dedo del victimista sea el problema en sí, y su destrucción la solución al mismo.

Así, la jauría devora sin piedad al chivo expiatorio escogido arbitrariamente como sacrificio necesario para fortalecer las creencias del grupo.

En otras palabras, al otorgar la razón a la víctima por el hecho de ser víctima se está a su vez asumiendo que el acusado es culpable, y eso supone el fin del proceso. Con lo cual, se asume que el acto de culpar constituye en sí la solución óptima al problema. En este proceso, la jauría se transforma en rebaño.

Se asume que el acto de culpar constituye en sí la solución óptima al problema. En este proceso, la jauría se transforma en rebaño tweet

Cuando Mariano culpa a la crisis y a la herencia recibida, cuando Nicolás culpa a los gringos y a los escuálidos, cuando Donald o Nigel culpan a los inmigrantes, cuando “Franquito” Carles culpa al gobierno central, ninguno de ellos busca causas o propone soluciones.

Ninguno profundiza en ningún asunto, ni analiza, ni razona. Sólo apelan a la fe para obtener poder. Buscan un culpable para convertirse en víctimas y así obtener la razón. Buscan crear jaurías a las que transformar después en fiel rebaño.

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